Por MadeRock | 22 de julio de 2025
Ozzy Osbourne, el legendario vocalista de la banda Black Sabbath, falleció este martes a los 76 años de edad.

«Con una tristeza que no se puede expresar con palabras, informamos del fallecimiento de nuestro querido Ozzy Osbourne esta mañana. Estaba con su familia y rodeado de amor», anunció su familia en un comunicado.
Con la muerte del cantante británico, que padecía graves problemas de salud, se va toda una leyenda del heavy metal.
Nacido el 3 de diciembre de 1948 en Aston, un barrio obrero de Birmingham, John Michael Osbourne fue un pionero del heavy metal y una de las figuras más excéntricas del rock.
La noche del 5 de julio quedará marcada con fuego en la memoria de miles de almas. En el estadio Villa Park, ante una multitud de 45.000 fanáticos, Ozzy Osbourne, el indiscutido Príncipe de las Tinieblas, ofreció su último recital. Un show que no fue simplemente un concierto: fue un ritual, un adiós cargado de emoción, historia, y gratitud.
No hubo espacio para la tristeza: la ovación inicial ya fue una declaración de amor colectivo. Finalmente, la noche cerró con la formación original de Black Sabbath sobre el escenario por última vez. Tocaron un set breve pero apoteósico: “War Pigs”, “N.I.B.”, “Iron Man” y “Paranoid”, cada tema fue un himno gritado, llorado y celebrado. Ozzy, apoyado pero firme, habló poco, pero cada palabra pesó como un trueno: “Ustedes me dieron todo. No me voy… me quedo en cada uno de ustedes.”
El show fue transmitido en vivo por plataformas de todo el mundo y decenas de miles más se conectaron desde sus casas, bares, plazas y salas oscuras. Muchos lloraban. Algunos reían. Todos sabían que estaban siendo parte de un momento único: la última misa de una leyenda.
Ozzy Osbourne luchaba contra el Parkinson desde 2020. Su salud se había deteriorado y en los últimos meses apenas podía caminar. Pese a su resultado médico, continuó con su trabajo como artista hasta 2023, cuando definitivamente confirmó que no haría más giras. En ese sentido, también señaló que su físico había desmejorado a raíz de lesiones sufridas en su casa y arriba de los escenarios, que lo obligaron a someterse a distintas cirugías.. Aun así, quiso estar presente en ese show final, había prometido que, si podía, se despediría como merecía: en un escenario, bajo luces cegadoras y con sus demonios sonando al máximo volumen. Y cumplió. Con la voz intacta en espíritu, acompañado por grandes músicos y por una producción pensada como homenaje, se despidió a lo grande.
Desde MadeRock, donde su música siempre tuvo altar propio, levantamos la copa por él. Porque Ozzy no fue solo un ícono del metal. Fue un símbolo de rebeldía, de transformación, de supervivencia. Fue esa voz rota que, aún desde la oscuridad, nos enseñó a resistir.
Y si bien hoy el mundo está un poco más silencioso, su eco retumbará por siempre en cada riff, en cada pogo, en cada noche de radio donde suene Sabbath.
Gracias, Ozzy. Te escuchamos eternamente.
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